Para quién es la expedición
El kilometraje, la duración y el nivel de autonomía son adecuados para personas con experiencia en expediciones autónomas de una semana y buena forma física. Un equipo bien seleccionado es fundamental para garantizar el confort en el Ártico manteniendo un peso base bajo en la mochila.
Zona de la expedición
El área de la ruta se aprecia con claridad en un mapa conservado de 1796 de un atlas francés. Comenzando la travesía en la bahía de Kola, desembarcamos en la costa norte de la Península de Kola. Una línea discontinua señala la ruta marítima de un velero de dos palos que navegaba desde ese mismo punto hacia mar abierto impulsado por un viento favorable tipo bora. La bora es un viento fuerte que se origina cuando una masa de aire frío choca contra una elevación del terreno. Al superar el obstáculo, el viento se precipita sobre la costa marina.
En el camino nos espera el asentamiento abandonado y conquistado por la tundra de Granitny: una antigua base naval de la URSS, situada en una bahía protegida y rodeada de acantilados. Los bloques de viviendas vacíos y los búnkeres lucen completamente surrealistas a orillas del océano. Hoy en día nadie vive allí.
Fauna
La costa es muy diversa. En el mar divisamos con frecuencia aletas de ballenas y cabezas de focas. El clima en el norte es impredecible; durante los temporales, el oleaje arrastra hallazgos sorprendentes a la orilla. De hecho, en una de las expediciones encontramos los restos de una ballena de 14 metros.
Sobre nuestras cabezas sobrevuelan aves continuamente: junio es época de nidificación. A lo largo de la costa es posible avistar liebres, zorros, renos y osos pardos. Una inmersión total en la naturaleza salvaje y fascinante del Ártico.